En un momento en el que la mujer comienza a destacar en el mundo empresarial, Rosa Clará se presenta como uno de los mejores ejemplos de la capacidad femenina para sacar adelante un proyecto empresarial y, más aún, convertirlo en todo un éxito a nivel internacional.
Nacida en Barcelona hace aproximadamente 47 años, Rosa Clará no podía imaginar en su juventud que acabaría convirtiéndose en diseñadora de renombre de moda nupcial, empresaria al frente de una cadena de franquicias de dimensión internacional y aliada de los diseñadores más cotizados en todo el mundo.
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Antes de dedicarse a la ardua tarea de vestir a las más ricas y famosas en el día de su boda, Rosa Clará se licenció en Derecho y comenzó a coquetear con el sector textil a través del diseño de sus propias prendas, tarea que le dejó tiempo para estudiar el mercado español y llegar a la conclusión de que “existía un enorme hueco en la oferta de moda nupcial”.
En palabras de la propia Clará, “empecé en una empresa del ramo y en seguida me di cuenta del enorme vacío que existía en este sector, y decidí lanzarme a la aventura de crear mi propia empresa. Observé que las colecciones del momento en el apartado novias eran muy aburridas. Todo era igual. Entonces decidí salir al mercado haciendo todo lo contrario, creando moda”.
Corría el año 1994 cuando Rosa Clará comenzó a diseñar sus propios modelos y un año después abría sus puertas la primera tienda de moda nupcial del Grupo Rosa Clará, en su ciudad natal, Barcelona. Un establecimiento que en pocos meses se había convertido en punto de encuentro de la alta sociedad casadera de la época.
Como en todos los comienzos, el sacrificio y el trabajo jugaron un papel protagonista en los primeros años de vida empresarial de Rosa Clará, quien recuerda las dificultades que tuvo que afrontar como cualquier otro emprendedor, especialmente en un sentido: el de la financiación.
“En la primera feria a la que acudimos como marca, Novia España, ya vendimos por encima de nuestras expectativas y teníamos que comprar género para dar salida a los pedidos. Vendimos tanto que no teníamos dinero para hacer frente a los gastos y recurrimos a los bancos, que en ese momento no confiaban en el mundo de la moda. Tuvimos que recurrir a avales para salir